La construcción de la Ruta Bioceánica es, sin lugar a dudas, una de las obras de infraestructura más trascendentales para el Paraguay contemporáneo. Al conectar el Atlántico con el Pacífico atravesando el corazón del Chaco, esta vía tiene el potencial de posicionar al país como eje logístico, regional y puente entre dos océanos. Pero más allá del entusiasmo, se impone una mirada previsora y responsable sobre lo que esta transformación implica.
Los beneficios económicos que traerá consigo son notables: reducción de costos logísticos, mayor competitividad de nuestros productos, atracción de inversiones y diversificación productiva en regiones tradicionalmente postergadas. Las poblaciones chaqueñas experimentarán una reconfiguración sin precedentes, y nuevas comunidades emergerán allí donde hoy apenas hay caminos polvorientos. El comercio, la agroindustria y el turismo encontrarán en esta ruta una plataforma para crecer.
Pero todo esto será posible solamente si como sociedad actuamos con visión estratégica y sentido de urgencia. No basta con tener una carretera: necesitamos que las demás rutas nacionales y departamentales sean rehabilitadas y articuladas con este eje troncal. El verdadero aprovechamiento de esta oportunidad histórica dependerá de la conectividad real de nuestras regiones al corredor. Sin acceso efectivo, no habrá desarrollo territorial equilibrado.
Al mismo tiempo, debemos alzar la voz en favor del cuidado ambiental. El Chaco paraguayo posee uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del continente. El avance descontrolado, sin estudios ni controles adecuados, podría hipotecar no solo la biodiversidad, sino también los servicios ecosistémicos fundamentales para la vida en la región. Por ello, cada acción debe ser pensada en clave de conservación y sostenibilidad.
También es crucial que se garantice la seguridad y la soberanía. Esta vasta región del país no puede quedar expuesta ni ser tierra de nadie. Las instituciones del Estado —desde fuerzas de seguridad hasta organismos de control ambiental— deben estar presentes y activas, desarrollando planes específicos para asegurar el control territorial, la prevención del delito y el ordenamiento del crecimiento urbano.
La Ruta Bioceánica no es solo una vía de tránsito. Es una oportunidad de transformación. Pero solo será una verdadera herramienta de desarrollo si se la acompaña con planificación, inversión complementaria, respeto ambiental y una institucionalidad fuerte. El futuro de Paraguay puede cambiar radicalmente si entendemos que el progreso no llega solo con asfalto, sino con decisiones inteligentes, colectivas y sostenidas en el tiempo.