El derrumbe de un edificio de ocho pisos en Encarnación vuelve a encender las alarmas sobre la calidad de las obras civiles en el país. Este trágico episodio, que costó la vida a dos personas, expone una preocupante realidad: nuestras normativas de construcción están desfasadas y los mecanismos de control resultan insuficientes para garantizar la seguridad de las edificaciones.
Todavía pervive en la memoria colectiva de los paraguayos la tragedia del supermercado Ycuá Bolaños, en la que casi 400 personas perdieron la vida en un edificio que no debió haber sido habilitado por la Municipalidad, al no reunir las condiciones mínimas de seguridad. Hoy, más de dos décadas después, enfrentamos otro desastre que podría haberse evitado con regulaciones más estrictas y controles eficaces.
Según la Municipalidad de Encarnación, la obra contaba con los permisos necesarios y había sido inicialmente aprobada para cinco pisos. Sin embargo, el constructor agregó sucesivamente tres niveles más, incluyendo una piscina en la terraza. Aunque la Comuna exigió adecuaciones y aplicó multas, lo cierto es que el colapso final evidencia que las medidas correctivas no fueron suficientes para garantizar la estabilidad estructural del edificio.
La ordenanza municipal que regula las construcciones data de 1975, un marco normativo anacrónico para la realidad de las obras actuales. Resulta imperativo actualizar esta legislación para incorporar criterios modernos de ingeniería estructural, aumentar los requerimientos de seguridad y fortalecer los controles municipales. Asimismo, se debe debatir la posibilidad de dotar a las municipalidades de mayores atribuciones y recursos para fiscalizar in situ las obras en ejecución.
También es necesario establecer un régimen de responsabilidades claras para las empresas constructoras y los profesionales a cargo de los proyectos. No basta con exigir documentación en regla; es fundamental que los proyectistas, directores de obra y constructores sean penalmente responsables en caso de negligencias que comprometan la seguridad de los edificios y sus ocupantes.
La tragedia de Encarnación pudo haber sido mayor. El colapso ocurrió en un momento en que el edificio aún no estaba habitado. No obstante, la pérdida de dos vidas humanas nos obliga a reflexionar sobre las deficiencias estructurales de nuestro sistema de regulación y control de construcciones.
Paraguay está en un proceso de crecimiento urbano acelerado, con el auge de edificios en altura en varias ciudades. Este desarrollo debe ir acompañado de un estricto cumplimiento de normativas de seguridad, tanto en el diseño como en la ejecución de las obras. No podemos esperar a que ocurra una catástrofe mayor para tomar medidas.