La inflación en nuestro país vino mostrando una tendencia al alza en los últimos meses. Según el último reporte del Banco Central del Paraguay. En febrero de 2025, la variación interanual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) había alcanzado el 4,3%, la cifra más alta desde agosto del año pasado. Ahora, con el dato de marzo, la inflación interanual trepa al 4,4%, confirmando una tendencia al alza que golpea con mayor fuerza a los sectores más vulnerables.
Los datos del BCP indican que en marzo se registraron aumentos significativos en el precio de hortalizas (26%), frutas (11%), huevos (12%), lácteos y carnes, entre otros. La lechuga, por ejemplo, subió un alarmante 109%. Según los analistas, las causas de estos incrementos son en algunos casos factores estacionales o climáticos, pero sus efectos se traducen en una terrible carga para miles de familias que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos.
Para la mayoría de la población que no conoce de cifras macroeconómicas, sino que vive la cotidianeidad de las precariedades, el aumento de los precios de productos de consumo dificulta el acceso a una alimentación adecuada y en consecuencia impacta directamente en el bienestar general de las familias. Cuando los precios de alimentos suben, la prioridad es alimentarse, y en consecuencia la salud, la educación y la calidad de vida quedan relegadas.
Si el mismo Banco Central está reconociendo la escalada de precios, es necesario que nuestras autoridades desarrollen estrategias de plazos inmediatos y también a largo plazo, para una respuesta integral al fenómeno inflacionario. Los últimos acontecimientos a nivel global demuestran nuestra gran dependencia de factores externos, por lo que es momento de actuar proactivamente y además de atender la cuestión inmediata, realizar acciones a largo plazo.
En ese sentido, una acción inmediata debería enfocarse en reforzar los programas de asistencia a las familias más afectadas. Pero, como lo venimos diciendo, en nuestros editoriales, un país con buena tierra y abundante agua, necesita una mayor inversión en el sector rural, con apoyo tecnológico, para mejorar la producción. Sabemos, que ya se están desarrollando programas, pero ahora más que nunca hay que insistir en volver a incentivar la agricultura familiar campesina, con otro concepto, que además de la subsistencia apunte a abastecer el mercado interno. Con esto reduciríamos nuestra dependencia y podría ser un factor para estabilizar los precios.
Al mismo tiempo, especialmente en estos momentos, ante la proximidad de la Semana Santa, es necesario implementar mecanismos de supervisión para evitar la especulación con los productos de primera necesidad.
El país goza de una estabilidad económica innegable, pero eso debe sentirse en la mesa de la mayoría de los paraguayos. Para que ello ocurra necesariamente, deben ponerse mano a la obra, gobierno, el sector privado, para hallar respuestas a un problema que golpea en el sector más sensible de nuestra sociedad.