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sábado, 29 de marzo de 2025
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Diplomacia multilateral

La reunión entre el canciller paraguayo y el representante de Estados Unidos, que estuvo centrada en acuerdos comerciales y cooperación en seguridad, según trascendió plantea interrogantes sobre el rumbo de nuestra política exterior. En un mundo donde las potencias compiten por influencia, Paraguay debe definir si busca alianzas que fortalezcan su soberanía o se limita a navegar entre oportunismos.

Los beneficios potenciales de un acercamiento a EE.UU. son evidentes: acceso a mercados, transferencia tecnológica y apoyo en seguridad regional. Sin embargo, la historia enseña que las relaciones asimétricas suelen beneficiar más al poderoso que al pequeño. Mientras Brasil y Argentina mantienen su hegemonía en el Mercosur, y China se posiciona como socio comercial clave, Paraguay no puede permitirse caer en la dependencia de un solo actor.

La soberanía energética, por ejemplo, sigue siendo un tema pendiente. Aunque Itaipú Binacional genera ingresos millonarios, su gestión opaca y los privilegios a empresas extranjeras en sectores estratégicos como la minería y la agricultura cuestionan nuestro control sobre recursos vitales.

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En materia de seguridad, la cooperación contra el narcotráfico es urgente, pero no puede traducirse en subordinación a agendas externas. La experiencia de países vecinos muestra que alianzas militares con potencias suelen generar más conflictos que soluciones. Paraguay debe priorizar la integración regional, no la polarización.

La diplomacia multilateral, que tanto ha defendido nuestro país en organismos como la OEA y la CELAC, no es incompatible con acuerdos bilaterales. Lo que urge es transparencia en cuanto a los acuerdos internacionales y, sobre todo, someter los puntos a ser acordados al conocimiento de la sociedad civil. La historia de corrupción en contratos internacionales exige que los ciudadanos exijamos rendición de cuentas y claridad sobre los compromisos en juego.

Esto no es, de ninguna manera, un llamado al aislamiento, sino a la prudencia. Paraguay necesita una política exterior que combine pragmatismo económico con la defensa de los intereses nacionales. No basta con firmar acuerdos; hay que asegurar que beneficien a los paraguayos, no solo a élites o corporaciones.

La hora es de elegir: entre una diplomacia estratégica, que equilibre alianzas y proteja nuestra identidad y nuestros recursos, o un oportunismo que nos lleve a perder lo poco que hemos construido. El contexto geopolítico está cambiando aceleradamente, y Paraguay debe definir su política exterior con claridad. Solo así podremos aspirar a un mayor bienestar y a una nación más soberana y fuerte en el concierto de las naciones.

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